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Mostrando entradas de noviembre, 2025

El deseo (en tres movimientos expansivos)

El deseo (en tres movimientos expansivos) I Una mano detiene el vuelo lo examina lo nombra lo clasifica. Una mano señala, el pájaro ya no vuela teme se avergüenza sufre su silencio roto. En el hueco de la herida brotan juicios que no comprende, miedo pecado culpa enfermedad escriben en su frente. Yo soy, responde. Llueven coronas. II La mano toca tierra inerte muda incierta se vacía. El silencio tiembla laten orgasmos microscópicos bajo la piel despierta bocas lenguas sexos expanden los pliegues de la luz de todas las pequeñas las infinitas muertes la totalidad el Uno. III La lluvia replica incesante infinita la proporción del nombre del todo que nos contiene de la nada que nos despoja. La lluvia danza sobre el deseo del nosotros de la pluralidad del vuelo. La lluvia replica incesante infinita moja las manos humedece los sexos inunda los cuerpos los multiplica incesante infinita. Las gotas abren, concéntricos, continuo...

Silencio (I. La ruta / II. El patio)

  SILENCIO I. La ruta La ruta interminable, llana, comenzó a correr. Campo y más campo. Lluvia escurriéndose en los cristales, agitada y extraña. Campo y más campo. Hasta que al fin, la garita. El águila. La virgen. Cazadores y Maipú, y la terminal atiborrada y confusa. Nadie me esperaba allí. Miedo asomándose en la llegada. Una extraña sensación. Adentro, muy adentro. Un remis. Maipú y Tres de Abril. Allí sí, me esperaban. Con un poco de alivio tomé el bolso. Casi corriendo crucé la avenida. Abrazo. Viento lánguido barriendo las calles. Los mismos miedos. Los mismos miedos en mis ojos y en los de él. El mismo alivio perezoso y comenzamos a andar con la familiaridad de ayer, como si hubiéramos despertado juntos o tenido idénticos sueños. Después, sólo después, sabríamos el color de nuestras incertidumbres. II. El patio Aquí, en el pequeño patio, apenas una señal de luz que llega difusa desde otro lado. Bajo los efectos del vino tinto ...

Djunn

Este  texto fue  escrito desde el temblor de alguien que aún no sabe cuánto está perdiendo, intento de hallar significado en lo inefable . DJUNN Formar parte de esa sociedad no era tarea fácil. Requería grandes esfuerzos. Pero Djunn perseveraba siempre en cada cosa que su voluntad deseaba. Durante años caminó por los bosques del hospitalario y a veces perverso rey llamado Mandú. Perverso, porque gustaba disfrazar algunos árboles de especies desconocidas, con el solo propósito de confundir al viajante que se atreviera a cruzar por sus edenes. Djunn se topó con algunos de ellos, pero supo descifrar los relatos que ocultaban su verdadera identidad. Había descubierto un secreto que circulaba de boca en boca pero que, sin embargo, cayó en el desacreditado territorio de los mitos y las leyendas. En aquella época, nadie creía que recitando un poema podríamos hacer florecer los lapachos con su verdadero color, o, en otros casos, descubrir el nido diminuto...

Ninguno

  NINGUNO Yo vengo de otras tierras, de otros caminos, de otro lugar. No estamos ajenos allí, a la muerte. Hemos matado a hombres con las manos verdes del trabajo. Hemos hecho desaparecer sus voces. Asesinamos árboles, gigantes sobrevivientes de la selva, bajo el capricho tenebroso de la autoridad. Hemos matado símbolos que señalaban el norte y el sur, el este y el oeste. Hemos sacrificado caminos y lugares para sembrar iniquidades y falsas vías de escape. Ninguno permaneció latiente y tibio, todos muertos. Deshumanizados y autómatas, aceptamos la linealidad absurda del destino, construido con los ojos enanos del ambicioso. ¿Somos alguien? ¿Podemos ser alguien? Recuerdo que hace unos años, cuando trabajaba apasionadamente en una escuelita distante y sin rumbo, una pequeña isla con restos semidesnudos de monte, mi memoria quedó anclada en un acto que desdibujaba la formalidad de una inauguración, para teñir de politiquería y demagogia las obras que s...

Puteada

  PUTEADA Cada vez que quiero recuperar algo que perdí, lo pierdo aún más. Cada vez que intento reír, tengo un nuevo motivo para llorar. Si como, siento cada vez más hambre. Si bebo, más sed. Si amo, más odio. Cada vez que quiero perder algo que me hirió, sangro aún más. Si te miro a los ojos, Dios, tú te vas. Soy fuerte —dicen todos—, pero lo que creo lleno está vacío. Donde veo luz hay oscuridad. Donde me siento en paz, están todos en guerra. Cuando soy justo, la injusticia triunfa. Cuanto más libre me siento, más gruesos son mis barrotes. Cuando estoy acompañado, siento tu ausencia. Si me quedo, tú te marchas. Si soy alegre, el mundo se pone de luto. Si vivo es porque estaré muerto. Si salgo de mi crisálida, el sol quema mis alas. Si camino bajo la Luna, me convierto en monstruo. La lluvia y el frío se alojan en mi alma, mi cuerpo seco se incendia. Cada vez que guardo silencio todos gritan. Si grito, piensan que estoy loco. Nadie cr...

Negro Ramón

  Negro Ramón Sacó un papel Atala del bolsillo y lo restregó entre ambas manos con delicadeza. Distribuyó un puñadito exacto de tabaco en la hojilla alquitranada, dio un lengüetazo al borde sin engomar y, con destreza, hizo girar todo con los pulgares e índices en cada extremo. En un segundo encendió el armado. Los bordes del bigote y el lado izquierdo, con mayor solidez y vivacidad, amarilleaban años de nicotina y contrastaban con el blanco de su larga barba. Alto, corpulento y fornido, llevaba siempre el pelo recogido en la nuca. La tez, del color de los soles de cientos de días, y los ojos cargados de historias: amables con cualquiera que estuviera pronto a estirar la oreja y escucharlas. Don Ramón era un tipo, como dijo uno de sus mejores amigos, el Juan, completamente fuera del sistema. Nunca existió legalmente porque jamás tuvo cédula, y por eso tampoco votó ni ejerció ninguno de los derechos civiles propios de cualquier ciudadano. Sin embargo, era indudable que su figura ...