Silencio (I. La ruta / II. El patio)

 

SILENCIO

I. La ruta

La ruta interminable,
llana,
comenzó a correr.

Campo y más campo.

Lluvia escurriéndose en los cristales,
agitada y extraña.

Campo y más campo.

Hasta que al fin,
la garita.
El águila.
La virgen.
Cazadores y Maipú,
y la terminal atiborrada y confusa.

Nadie me esperaba allí.

Miedo asomándose en la llegada.
Una extraña sensación.
Adentro,
muy adentro.

Un remis.
Maipú y Tres de Abril.

Allí sí,
me esperaban.

Con un poco de alivio
tomé el bolso.

Casi corriendo crucé la avenida.
Abrazo.
Viento lánguido barriendo las calles.

Los mismos miedos.

Los mismos miedos en mis ojos
y en los de él.

El mismo alivio perezoso
y comenzamos a andar
con la familiaridad de ayer,
como si hubiéramos despertado juntos
o tenido idénticos sueños.

Después,
sólo después,
sabríamos
el color de nuestras incertidumbres.


II. El patio

Aquí,
en el pequeño patio,
apenas una señal de luz
que llega difusa desde otro lado.

Bajo los efectos del vino tinto
y del malbec que descorché después,
con la conciencia influida
por el andar errático del THC,
por los muchos puchos,
por las cenizas,
por la falta de sueño,
por las palpitaciones extenuantes de ayer,
por la paranoia
que me llevó a la guardia del hospital
una tarde soleada de domingo,
por haber caminado sin saber por dónde
sobre un planeta gaseoso,
por haberme equivocado,
por no poder pensar-me,
por tus celos
y tus injustas razones,
por el mail que te mandé esta tarde,
casi noche,
por tu respuesta inesperada,
por las elucubraciones que hice luego,
por creer que no tengo rumbo.

Aquí,
en este patio pequeño,
apenas una señal de luz ajena,
más muchas sombras.


Nota de autor

A veces el silencio no llega de golpe,sino que se desliza como una niebla fina entre el viaje y la casa, entre la lluvia en los vidrios y la primera copa de vino que se abre sola. Silencio nació de una vuelta sin mapa, de una noche donde el cuerpo era apenas una brújula cansada. No hay argumento: solo un trayecto que se repliega hacia adentro, una respiración, un temblor. Escribí estas líneas cuando el ruido de afuera ya no podía distraerme del ruido interior. Por eso, más que un relato, es una forma de escuchar — y, si se quiere, una manera de seguir conversando con lo que se fue.

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