Cegueras
Desde la ventana:
Los techos y las grietas
Las luces encendidas
Un helicóptero al ras
Un carguero
La puerta de un búnker
lleno de trinos
absortos y blancos, un bosque;
allá lejos
en la línea
en que se posa Dios
donde todo nace y muere y nace
y el tiempo y el cielo
anuncian
brumas y besos
brisas y abrazos
un amor
infinita prórroga
flotando en el aire
entre camelias blancas
casi dormidas.
Hacia adentro:
un sendero rojo y verde
caminos
ruedas que ruedan
un amigo
yo de niño
intersecciones
destino de muchos colores
Madres vestidas de nomeolvides
girasoles entre las ramas
y orquídeas en las sienes
resucitando lo perdido
los enredados errores
Venus
Urano
y todo lo aprendido.
Una batucada late
unísona y llovida
en el transcurrir de los días de asfalto,
en el pasado
resuenan y repican ciegos,
reverberan,
como estrellas muertas de la memoria.
Suena el canto persistente
del sur que no se cansa
y dibuja leve
un recuerdo crisálida
una mesa servida
una casa
un color cualquiera
un cielo que corta un ala
una canción que muerde el borde
de un contaminado Leteo.
Una gota se rebalsa a sí misma
Sin dejar de ser ella
Sin romper, sin resquebrajar nada
Sin ensuciar
Sin lastimar
Sin violentar ni descuajar
Sin nuevas guerras
Sin milenarios miedos
Sin mentiras
Sin odio
Sin soledad
Sin tedio
Escandiendo
contagiosa
cada espaciosa
plural mirada.
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