Samba da senzala e da bala
Samba da senzala e da bala
(por Darío Scherich, 2025)
Suena el tambor, hermano,
pero no es festejo, no
plomo sincopado, cae sobre el morro
hermano, no es festejo no.
Lloran la cuíca y el tamborín
cuando arrasa la injusticia del fusil,
lloran hondo, lloran fin.
La madrugada se tiñe de sangre,
y las madres y los hijos y los hermanos
—que ya no duermen, que ya no duermen—
encienden la memoria y apagan el olvido
lloran hondo, lloran fin.
La
casa grande brinda in dollars,
derrama
dividendos, firma deals.
¡In
God we trust! ¡Save the liar King!
La favela cuenta muertes,
cuenta muertes, cuenta muertes, cuenta muertes
canta fin.
bala encontrada,
bala que lleva mi nombre
sin haberme preguntado nada.
Los tambores repican por la ladera do morro
trémula alma del Brasil.
Un niño cae muerto, el suelo lo abraza,
el samba no para,
el samba llora al ritmo de nuestro vivir,
la pena baila y no puede morir.
Es la senzala, es la favela
que agita el mundo con su sufrir.
Y allá, en Washington o en Wall Street,
mientras blanquean el mapa de nuestro Sur
imponen reglas, digitan leyes, niegan derechos:
orden e inversión, estabilidad y familia y tradición
seguridad a todos los hombres “si son de bien”
eficiencia y patria y meritocracia
puras palabras, en bocas sucias,
¡puras fake news!
No justifican maldad ni masacre
ni tanta hambre ardiendo al Sur.
Samba da senzala,
samba das favelas
samba da bala,
samba da vida que insiste,
que sangra,
que resiste,
que canta fin.
que no se calla
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